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MI PUEBLO.       

Sobre una estrecha terraza
azotada por el cierzo
se elevan las pocas casas
que le dan forma a mi pueblo.

 Tosca villa paramesa
mezcla de barro y cemento,
con su iglesita barroca
y su matamoros dentro.

 Sin un excesivo encanto
le sigo teniendo apego
porque es el lugar y cuna
de mis pasados ancestros.

 Terruño, viejo terruño
donde vuelan mis recuerdos
a los años de la infancia
que van quedando ya lejos.

 Ya casi no reconozco
a sus habitantes nuevos
ni ellos tienen referencias
de este su paisano viejo.

 

Me siento como un extraño
cuando sus calles paseo
porque no solo las casas
forman mi pueblo señero.

 Un pueblo lo hacen sus gentes,
su diario de sucesos,
sus maldades, sus bondades
y el delirio de sus sueños.

 Llevo tanto en el exilio
que cuando al terruño vuelvo
siento un punto de nostalgia
paseando sus senderos.

 Aunque vaya con frecuencia
me siento ya forastero,
hijo de ninguna parte
sin patria ni enraizamiento.

 Al escribir mi apellido
pongo en sus letras el eco
de este topónimo extraño
que le da nombre a mi pueblo.

          J. Villadangos Fuertes

 

 

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