Lugares y Personas de La Estación (5)
             Aportaciones y matizaciones de Ángel Cantero

 
 

Julián Cantero, llegó a la Estación con un rebaño desde Extremadura, a pie, caminando por el cordel de las merinas.
La gente cantaba aquello de ... ya se van los pastores a la Extremaduraaaa, pero Cantero no se fue, le gustó el páramo, había mucho ambiente en la Estación y Donino lo contrató como pastor para su rebaño.

Ángel Cantero, el pintor, ha echado mano de sus recuerdos de infancia y ha tomado nota de los de su padre para regalarnos toda una serie de  valiosas aportaciones y matizaciones a la información que yo he ido elaborando, enriquecidas con sabrosas anécdotas sobre el molino, las cantinas o el tío Soria.

Aquí van sus  comentarios:

COSAS DE LA ESTACIÓN DE VILLADANGOS

 1. La primera casa de La Estación: cantina y vivienda.

Hablas de Nicasio como el primer almacenista de vinos que puso una cantina allá por 1900. Pues bien, aunque mi padre llegó aquí en 1947, cuando tenía sólo 12 años, cree recordar que el Señor Donino le dijo que Nicasio habría llegado entre 1890 y 1895, ya que justamente en esos años se hizo la segunda casa en el barrio. Esta segunda casa se construyó justo al lado de donde hoy vive mi hermano, y fue la vivienda de un tal Lesmes. Posteriormente esta vivienda fue divida en dos, y en una de ellas se instaló años más tarde la fábrica de pisos de esparto para alpargatas.

 La tercera casa que se edificó fue la fábrica de harinas, donde yo tengo ahora el estudio, allá por 1895, no sabemos fecha exacta, pero sin duda dos o tres años antes de que comenzara el siglo ya estaba funcionando. No sabemos quién fue el primer dueño empresario que montó el negocio, pero sí que para hacer mover las máquinas había un gran motor que funcionaba con "aceite pesado", gracias a la pericia de un mecánico que tenía contratado su dueño. Esta casa se hizo con ladrillo macizo, toda una novedad constructora en este páramo, que sólo sabía de adobe y tapia.

Esta fábrica fue comprada después por Vicente Martínez, padre del Sr. Donino Martínez (el del taller de carros, que acogió a mi padre como "criado" para su rebaño de ovejas). Además de comprar la fábrica, contrató al mencionado mecánico que sabía hacer andar el motor generador, pero ocurrió que un buen día el hijo mayor de Vicente, Pascual Martínez, discutió con el mecánico y lo despidió. Ahí se acabó todo, pues nadie supo hacer funcionar ese dichoso motor de "aceite pesado" como Dios manda, y tuvieron que cerrar el negocio.

El mecánico en cuestión, del cual no sabemos su nombre, tuvo una hija que vivió aquí algunos años. Cuando fue despedido se fue a trabajar a Madrid. Hace un montón de años (igual 20 o más) su hija pasó por aquí, con interés por comprar de nuevo la fabrica en la que había trabajado su padre, pero afortunadamente para mí no se la vendieron. Curiosamente ella es pintora, según le dijo a mi padre, o sea... que pudo haber sido, como lo es ahora, una fábrica de ideas para una pintora.

 Después, esta fábrica fue reformada para transformarla en viviendas para ferroviarios, pues en aquellos años aquí la RENFE tenía una "brigada de vías y obras" destacada, y había muchos ferroviarios viviendo. En donde vive mi hermano vivió la madre de Antonia, la esposa de Martín el ferroviario. Y en la parte simétrica, Chelo puso la Cantina, la última que hubo.

  2. Cantinas de la Estación:

Llegaron a convivir cuatro cantinas en la Estación: la cantina del tío Felipe, la cantina ferroviaria, y la cantina de la Sra. Carmen, y la Cantina de Chelo.

Cantina ferroviaria: justo al lado de la casa de mis padres, cuyo dueño era Antonio Gallardo, y era conocida por ese nombre, de "cantina ferroviaria", por razones obvias.

Cantina de Severiano y la Sra. Carmen: estaba en el otro lado de la vía, en la última casa que había en dirección a León. Además de cantina era posada. Severiano se dedicaba a vender caramelos y chucherías por los pueblos, iba en bicicleta. La Sra Carmen es la que se ocupaba de la cantina cuando no estaba Severiano.

Un sobrino de la Sra. Carmen, cuando ya no existía la cantina, trabajó en esa casa haciendo muebles, antes de ir a poner su negocio en Carrizo de la Ribera; ese sobrino es Santocildes, además de un estupendo ebanista, aficionado a la fotografía... ¿te suena?

Cantina de Chelo: fue la última en abrirse y la última en desaparecer.

Tanto la cantina de Felipe, como la de Chelo, se repartían por igual a la clientela de los merineros que venían de paso, y también ferroviarios, pero en la Cantina de Chelo tomaban ese café de pote tan rico a menudo los estraperlistas, pues bien conocido es por todos que uno de los negocios, aunque ilegal, que más movimiento daba a este barrio era el estraperlo, en aquellos duros años de la posguerra.

 Hablando de estraperlo, sabrás que en el molino (lo que hoy es imprenta), se molía trigo de estraperlo. Una vez la guardia civil precintó el negocio por esta razón, pero como el hambre no entiende de precintos... por la noche quitaban las bisagras a la puerta y volvían a moler (vigilantes por todo el barrio, claro está) y, antes de que amaneciera las puertas precintadas volvían a estar en su sitio, para que la guardia civil lo viera todo en orden.

  3. Miguel Soria:

Este personaje, que tú apuntas como el responsable de los motes de Villadangos, ¿sabías qué mote tenía él? Aunque él se empeñaba en que le llamaran “quitolis”, lo cierto es que la gente le llamaba “bocanegra”, mote que no le gustaba nada de nada. Donde las dan… las toman, jaja.

 4. Las básculas:

Te había comentado que hubo varias básculas, señal del buen momento industrial que vivía este barrio.

Enfrente de la Estación de RENFE (en sus terrenos, para decir mejor) había dos básculas, una de la General Azucarera de España, la otra de Santa Elvira. Estas básculas se utilizaban para pesar la remolacha que venía del Páramo y la Ribera en carros, una vez pesada se amontonaba, y después se iría cargando en vagones para llevarla a Veguellina.

La tercera báscula era la de Jerónimo, que se usó sobre todo para pesar la paja de las pajeras.

La cuarta báscula, que está a la salida del barrio, era la de Francisco, y se utilizaba como báscula de control. Es decir, después de pesar en las otras básculas podría pedir que se pesara en esa, para comprobar si el peso era bueno.

 

 
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   5. Embarcadero de merinas:

Al lado de la casa que hay sola, enfrente de la de mis padres, al otro lado de la vía, era donde estaba el embarcadero o desembarcadero de ovejas. Aunque muchas venían andando desde Extremadura por el cordel de las merinas, (así llegó mi padre aquí, de pastor con un rebaño desde Alcántara, Cáceres), otras muchas llegaban por ferrocarril en aquellos vagones de madera, de tres pisos, que yo recuerdo de niño. El movimiento que había de rebaños y merineros era enorme cuando se acababan los pastos por Extremadura y venían a la montaña leonesa.

 6. Secadero del lúpulo: En lo que fue esa cantina ferroviaria, años más tarde pusieron el primer secadero de lúpulo, antes de que lo construyeran en Villanueva de Carrizo. Después ese edificio se convirtió en granja de pollos.

¡Las vueltas que da el negocio! Si va a ser que la reconversión no es un fenómeno reciente…

7. Taller de Carros:

La Estación también se hizo famosa por el taller de carros y aserradero de maderas, pues es evidente que el carro era el medio de transporte para todo, y la las vigas de chopo el material por excelencia para hacer las carpontadas de los tejados de las casas. En aquellos tiempos también había buenos negrillos que cortar, hoy tendríamos que rebuscar para encontrar uno…

 Pues bien, este taller de carros y aserradero tuvo tres ubicaciones distintas en el barrio. Este industria la montaron en sociedad Donino Martínez (nacido en 1906) y su hermano Isidro, hijos de Vicente Martínez (el que compró la fábrica de harinas) y lo construyeron en el sitio donde hoy mi hermano tiene la nave del camión, y que antes fue el almacén de abonos de mi padre; allí estuvo este taller hasta el año 1953 o 1954. Después, los hermanos se separaron, y el taller tuvo una ubicación provisional (año y medio más o menos) hasta que construyeron el taller definitivo. La ubicación provisional estuvo justo detrás de la fábrica de harinas (mi casa), en lo que eran pajares, y lo volvieron a ser después. El último taller y aserradero estuvo en el edificio que hoy es el taller de carpintería metálica de mi primo Pablo, y que ahora está irreconocible ya, pues lo envuelve la estructura de una nave nueva que está haciendo.

 Decir que Donino Martínez, conocido por todos como el Señor Donino, era uno de los “poderosos” de la época: tierras dedicadas a la agricultura, majada y rebaño de ovejas, taller y aserradero, almacén de abonos. Mi padre llegó aquí a los 12 años como pastor, con unos ganaderos de Cáceres. El señor Donino se había quedado sin pastor, le ofreció el puesto, y aquí se quedó en calidad de “criado” por lo comido y lo servido, frente a los considerados “obreros” (del taller, o jornaleros eventuales para el campo) que sí tenían un sueldo fijo.

 8. Envasadora de lentejas y alubias:

Además del almacén de abonos del Sr. Donino, al lado de la casa de mis padres (antes de Donino) había también otro almacén de abonos y piensos, que perteneció a Antonio Fernández, conocido aquí como “Antonio el de San Román” (San Román de los Caballeros). En este negocio vendían abonos, piensos, y también la pulpa de remolacha que traían Froilanín y Cabero en camiones desde la azucarera de Veguellina. Y aquí instalaron la envasadora de lentejas y alubias.

 Como verás, sólo en mi calle había: almacén de abonos y envasadora de legumbres, secadero de lúpulo, fábrica de pisos de esparto, fábrica de harinas, y dos cantinas.  

 Estos fueron, a grandes rasgos, las industrias que más destacaron en aquel primer polígono industrial de Villadangos, pero ya sabes que la estrella de todo era la ESTACIÓN DEL FERROCARRIL, con un movimiento de trenes enorme. Yo recuerdo de niño que aún coincidían hasta 4 trenes a la vez, pues tiene una vía principal y dos secundarias, además de la vía muerta de descarga. Los muelles de la estación se alquilaron, y el Señor Donino y Antonio Fernández tenían en ellos una parte del negocio de los abonos, además de los otros almacenes ubicados en otros edificios.

Había jefe de estación, factor, guardagujas, y mozos de estación. Era la única estación que facturaba en el contorno, hasta Veguellina, y por ello tan importante.

Dice mi madre que, además de un sastre, había dos modistas más.

 Había olvidado decirte que la luz que movía el molino (donde hoy está la imprenta) venía desde Alcoba, del molino de la presa que la generaba. Por el día esta luz se utilizaba para moler, pero a partir de cierta hora daban luz al barrio. En este molino se instaló el primer teléfono (lo tiene Justo en Villadangos), que era la manera de poder comunicarse con el molino de Alcoba, cuando había fallos en el suministro eléctrico.